CROI: El uso de drogas recreativas supone un factor de riesgo de sufrir trastornos cardiacos asintomáticos en pacientes con VIH
Un equipo de investigadores de EE UU ha encontrado una alta prevalencia
de trastornos cardiacos asintomáticos en pacientes con VIH. El estudio,
presentado la semana pasada durante la XV Conferencia sobre Retrovirus
e Infecciones Oportunistas (CROI), mostró que, si bien la terapia
antirretroviral (TARV) pareció constituir un factor influyente, también
lo fue el tabaco y el consumo de drogas recreativas como poppers
o cánnabis. Así pues, los autores recomiendan que las estrategias para
modificar el estilo de vida constituyan una “alta prioridad” en el
manejo de la infección crónica por VIH
6/05/2008
Se realizaron ecocardiogramas para comprobar la presencia de disfunción sistólica ventricular izquierda, disfunción diastólica, hipertensión pulmonar, hipertrofia ventricular izquierda y dilatación atrial izquierda. Todas estas anomalías pueden darse sin mostrar síntomas, pero son indicadoras de enfermedad cardiaca.
La mayoría de los pacientes (77%) eran hombres, el 61% era de etnia blanca y la media de edad fue de 41 años. La media de tiempo desde el diagnóstico de VIH fue de seis años y el 19% de los pacientes había sido diagnosticado previamente de alguna infección oportunista. Un número significativo de pacientes presentó factores de riesgo de sufrir enfermedad cardiaca, siendo fumadores el 44% de ellos y teniendo una alta presión sanguínea el 11%. Los niveles de uso de drogas recreativas fueron altos: la cuarta parte de los pacientes consumía cánnabis, el 17% inhalaba poppers y el 10% tomaba cocaína. Todos los pacientes tenían un recuento de células CD4 superior a 100 células/mm3.
Los ultrasonidos cardiacos evidenciaron que el 11% de los pacientes presentaba una disfunción sistólica ventricular izquierda, el 25%, disfunción diastólica, el 18%, hipertensión pulmonar, el 6%, hipertrofia ventricular y el 40%, una dilatación atrial izquierda.
Algunos factores de riesgo de sufrir estos problemas de salud, como ser varón, en el caso de la disfunción sistólica (p=0,013), o tener una edad superior a 46 años, en el de la dilatación atrial izquierda (p=0,012), no eran modificables.
Además, hubo indicios que sugerían la existencia de un vínculo entre la TARV y las anomalías cardiacas. El tratamiento con un inhibidor de la proteasa potenciado con ritonavir supuso, asimismo, un factor de riesgo significativo de sufrir hipertensión pulmonar (p=0,019), y la terapia con zidovudina (AZT) se asoció de forma significativa con la hipertrofia ventricular izquierda (p=0,03).
No obstante, el equipo de investigadores también halló factores de riesgo modificables. Un elevado nivel de colesterol total estuvo relacionado con la hipertensión pulmonar (p=0,04) y el sobrepeso constituyó un factor de riesgo significativo de sufrir hipertrofia ventricular izquierda (p<0,001).
El tabaco y el uso de drogas recreativas también constituyeron factores de riesgo importantes. El hecho de fumar supuso un riesgo significativo de disfunción sistólica (p=0,004), el empleo de poppers en el mes anterior implicó un factor de riesgo de disfunción diastólica (p=0,03) y el consumo de cánnabis en los seis meses previos lo fue de hipertrofia ventricular izquierda (p<0,001) y de dilatación atrial izquierda (p=0,006).
“Las anomalías tenues de la función cardiaca fueron prevalentes en esta cohorte de pacientes”, concluye el equipo de investigadores, que señala que dichos trastornos no estuvieron relacionados únicamente con factores de riesgo cardiaco tradicionales, sino también con “factores modificables, como la utilización de drogas recreativas”.
Los expertos recomiendan: “Los cambios en el estilo de vida deberían constituir una alta prioridad en el manejo de la infección crónica por VIH.”