El khat, la droga que alimenta el conflicto en Somalia
Las milicias somalíes prohíben el consumo de esta planta narcótica ante las protestas de la población
Casi ocho de cada diez de hombres somalíes son adictos al khat, una
planta con un poderoso efecto narcótico que, al ser mascada, genera un
estado de euforia leve seguido de un largo período de estupor. El khat
es uno de los principales pilares de la economía de Somalia, generando
un beneficio anual de más de 50 millones de dólares, una cifra superior
al presupuesto nacional del Gobierno somalí.
21/07/2009
Es el elemento sobre el que los señores de la guerra han consolidado
su posición durante los últimos años, es origen de enfermedades
mentales entre los combatientes como paranoia o esquizofrenia, y es una
pieza clave que asegura la tranquilidad de la región autónoma de
Somalilandia, escindida de Somalia en 1991, y principal punto de
recolección de la planta, considerada ilegal en Estados Unidos y gran
parte de Europa.
La planta de khat (Catha edulis) es una fanerógama que mide entre
1,5 y 20 metros, dependiendo de las precipitaciones. Una vez cortada,
sus hojas conservan las propiedades narcóticas durante un plazo máximo
de dos días.
Sus efectos son estimulantes. Producen en la persona una
sensación de alegría, de liberación, acompañada de extrema locuacidad,
risas, y finalmente degenera en un estado de semicoma. Usado de manera
permanente, puede desembocar en un caso de delirium tremens. Entre sus
otros efectos secundarios se advierte de cáncer oral y gástrico,
hemorragia cerebral, hipertensión, degeneración de los genitales,y una
adicción similar, por intensidad, a la de la cocaína.
La droga es originaria de Etiopía y comenzó a extenderse por el
África subasahariana en torno al siglo XV. En Yemen llegó a usarse como
precedente del café, transportado directamente de las montañas. Desde
ahí, se extiende a Tanzania, Arabia, Congo, y la parte de Rodesia que
ahora es Zimbabue.
Como droga social que es, siguiendo el modelo del África
subsahariana sólo los hombres pueden mascarla. A las mujeres se permite
venderla, pero no está bien contemplado que la usen en público. Su uso
tradicional tiene un fin mucho más noble que el que se emplea en la
actualidad. Antes, se usaba como mecanismo para relajar tensiones
cuando había algún conflicto.
"El khat jugaba un rol importante en nuestra sociedad", explica
el traficante Mohamed Moge, más conocido como Mohamed "el Gordo". "Es
un estimulante que, bien empleado, no te afecta, pero sí que es verdad
que hay gente que está enganchada, pero eso es porque no tienen
trabajo, y no tienen otra cosa mejor que hacer", en declaraciones al
'Global Post'.
El problema es que la tasa de desempleo en Somalia es enorme, el
salario mínimo está por los suelos, pero aún así no es extraño ver a
hombres gastarse entre cinco y diez dólares diarios en su dosis diaria
de khat. Algunos de ellos se pasan a traficar para "El Gordo", miembro
del grupo 571 Alá Amin, que opera desde una enorme mansión en Hargeisa,
la capital de Somalilandia. Se estima que acumulan, al final del día,
un beneficio estimado de más de 320.000 dólares.
"Movemos en torno a 80 toneladas de khat al día", explica "El
Gordo". "Contamos con muchos vehículos y dos aviones para transportar
nuestro producto. El mercado es nuestro", explica el traficante
mientras sus hombres reciben un cargamento fresco, que envuelven en
balas de paja para conservar las hojas. El jueves suele ser el día en
el que más se trabaja. El viernes, todo el mundo descansa siguiendo la
doctrina musulmana, para recuperarse de la resaca de la droga.
La droga en Somalilandia proporciona seguridad. Nadie se atreve a
atacar esta fuente de beneficios. "Gracias a la paz, nuestro negocio va
bien", explica la vendedora de khat Shamis Abdullahi Nur. "Llevo
vendiendo desde hace más de 30 años y no recuerdo un momento mejor que
éste".
Por ello, el número de adictos, "la gran mayoría" en Somalilandia
según el doctor Yassin Arab Abdi, se ha disparado. "Hay muchas razones
para relacionar esta droga con los trastornos mentales que experimenta
la gente de aquí. Antes solían mascar un rato a cierta hora del día,
ahora mascan a todas horas. Son adictos", lamenta.
En los países adyacentes, los beneficios son proporcionales a la
población: en Kenia se exporta al año esta planta por valor de 250
millones de dólares, más que el té.
A pesar de lo extendido que está el uso de la planta, los
islamistas de Al Shaabab --el grupo que abandera la insurgencia actual
en Somalia-- han prohibido su uso de acuerdo con los preceptos del
Islam (que prohíben el alcohol, pero son más bien difusos cuando se
trata de droga mascada), lo que ha desencadenado varias protestas en la
ciudad de Baidoa, una de las ciudades recientemente tomadas por las
milicias.
Allí, las milicias de Al Shabaab ordenaron a los vendedores de la
planta que se fueran lejos de la ciudad para vender el producto, lo que
despertó la indignación tanto de los traficantes como de los clientes.
Según indicaron fuentes de Al Shabaab, cerca de 40 personas fueron
encarceladas, entre ellos los organizadores de la protesta.
El grupo tiene la intención de imponer la prohibición de khat
según vaya conquistando territorios porque "mascar khat es anti
islámico y la mayor parte del beneficio se lo llevan los países
vecinos, como Etiopía y Kenia, e intentaremos prohibirlo poco a poco",
declaraba el comandante del grupo para las regiones de Bay y Bakool,
Hassan Mohamed "Abu Ayman".



