Planificando el futuro de las Entidades de drogas
La calidad como instrumento de mejora
Carla López Adrover | 28/Julio/2009
El movimiento asociativo de las entidades de drogodependencias ha vivido en la última década una importante transformación tanto en sus estructuras internas como en sus modelos de funcionamiento. Lo que empezó siendo una iniciativa ciudadana, promovida por las madres, familiares y amigos de las personas con problemas de drogas para dar respuesta a la alarma social del problema de la heroína, ha dado paso a la coexistencia de estas organizaciones con una red organizada de servicios profesionalizados, que colabora y participa en el desarrollo de las políticas sociales y que gestiona importantes fondos públicos, dando servicios adaptados e individualizados a los usuarios/ clientes de las entidades.
Esta evolución ha sido el fruto de un proceso complejo de cambio impulsado por los líderes de las organizaciones así como por las exigencias de los financiadores, de los usuarios y de la sociedad en general. Las entidades de drogas han sabido evolucionar por si mismas, aprendiendo de las experiencias compartidas, incorporando información objetiva y rigor metodológico, formándose y dando paso a las generaciones de profesionales y líderes con alta capacitación sin perder por ello el alto grado de implicación y compromiso con el trabajo que desarrollamos. Esa es una de nuestras señas de identidad, algo de los que deberíamos sentirnos orgullosos y de lo que deberían aprender muchas empresas, pero eso es objeto de otro artículo.
Superados los complejos de la adolescencia y alcanzada la mayoría de edad, nos ha llegado el momento de madurar hacia el estado adulto, asumiendo nuevos retos y responsabilidades. Ahora que ya hemos demostrado nuestra capacidad para organizarnos y dar respuesta a necesidades reales y urgentes de las personas con problemas de drogas y sus familias, es el momento de planificar nuestro futuro, de consolidar nuestras estructuras, de prever los comportamientos futuros de las organizaciones, de sobrevivir a la crisis, de responder a las necesidades de los nuevos perfiles de consumo, y de garantizar que la dirección que tomamos responde a un plan de trabajo serio y premeditado y sobre todo elegido por nosotros.
Las Administraciones Públicas son nuestros principales proveedores de recursos y como tal tienen derecho a exigirnos una gestión transparente y adecuada pero no les corresponde a ellos convencernos de la necesidad de implantar herramientas y sistemas que mejoren nuestra gestión. La planificación y la calidad no deben ser una mera exigencia que adopte la forma de requisitos en las convocatorias públicas y en los pliegos de los concursos. No pueden interpretarse como criterios de exclusión para el acceso a fondos ni como una losa impuesta que nos ahoga obligando a las entidades pequeñas a desaparecer.
Debemos empezar a asumir que es nuestra obligación impulsar de forma proactiva el futuro del movimiento asociativo de drogodependencias, que no nos basta con ser acompañantes o agentes complementarios, que queremos liderar y ofrecer alternativas al modelo de sociedad aportando nuevas fórmulas de inclusión y de defensa de derechos. Eso sólo se puede llevar a cabo desde unas bases muy sólidas y demostrando resultados eficientes. Datos objetivos que demuestren que nuestra gestión y nuestros servicios tienen más calidad que la de otros sectores y por supuesto más calidez.
Es la hora de dejar de lado argumentos más propios del fatalismo y pasar a la acción desde la voluntad y el convencimiento propio.



