Invisibilizadas: Una mirada a las drogodependencias desde la perspectiva de género
Artículo enmarcado en el Proyecto Equal "Aunando Esfuerzos"
El Programa ‘Aunando Esfuerzos’ se sitúa en la Intervención en Drogodependencias, concretamente en lo que podríamos denominar “el área o fase”de Inserción Socio-Laboral. Se trata de un programa cofinanciado por el Fondo Social Europeo -a través de la Iniciativa Comunitaria EQUAL- y diversas Administraciones Públicas.
Patricia Martínez Redondo | 24/Marzo/2010
“Aunando Esfuerzos” surge de la colaboración entre la Universidad Autónoma de Madrid, a través de su Fundación General, y UNAD.
La Fundación General de la UAM concreta su participación a través del CIADE (Centro de Iniciativas Emprendedoras) como centro experto en procesos de emprendizaje y autoempleo, y del IUEM (Instituto Universitario de Estudios de la Mujer) como institución experta en materia de género e igualdad de oportunidades. UNAD participa como entidad gestora y coordinadora, y a su vez forman parte del proyecto cuatro asociaciones como entidades ejecutantes: ACLAD, de Valladolid; PATIM, de Castellón; SAFA, de Albacete; y La Huertecica, de Cartagena, Murcia.
La ‘Perspectiva de Género’ en este programa se presentó como una exigencia y condición de los programas EQUAL. Se trata de un principio transversal (Principio de Igualdad de Oportunidades entre Hombres y Mujeres) del proyecto, que lo es por exigencia del órgano financiador (el Fondo Social Europeo). Esto puede ser una ventaja, pero en este caso, las entidades participantes en el proyecto la percibieron como un elemento impuesto, que resultó ‘vacío de contenido’ y con bajo presupuesto, tampoco aparecía reflejada en el proyecto a través de acciones concretas de desarrollo, y los equipos profesionales no estaban sensibilizados para su aplicación. La experta en género y drogodependencias en el proyecto – Patricia Martínez Redondo – se planteó el objetivo de transformar este elemento (la perspectiva de género) en necesidad para los equipos profesionales y el personal responsable de las entidades que intervienen directamente con las personas beneficiarias, para así aplicarla óptimamente en el proyecto. De esta forma, haciendo visible la conveniencia de su aplicación, la podríamos integrar de forma real y efectiva en todos los aspectos del mismo (‘mainstreaming’). Así, nuestro programa EQUAL se ha caracterizado por desarrollar un proceso de toma de conciencia con todos los equipos profesionales de las entidades ejecutantes, a través del trabajo y reflexión grupal sobre la perspectiva de género aplicada a las drogodependencias. De este trabajo grupal, surgen las observaciones y propuestas de mejora para la Red de Atención a las Drogodependencias que recogemos a continuación.
Es de destacar la trayectoria de las Iniciativas Comunitarias, y en concreto de los programas EQUAL en la aplicación de perspectiva de género e igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres como objetivo central de su política de intervención, de forma que ha permitido poner de manifiesto y actuar sobre muchos de los problemas en la incorporación laboral y mercado de empleo para las mujeres: segregación vertical (techo de cristal) y horizontal (yacimientos de empleo tradicionalmente masculinos y femeninos, con una fuerte desvalorización de los segundos); desigualdad en el salario por las mismas tareas y responsabilidades; dificultad en la conciliación de la vida personal, familiar y laboral; responsabilidad de los cuidados que siguen recayendo mayoritaria y exclusivamente sobre las mujeres (de forma que la conciliación parece un problema individual, no social); etc.
En el marco de los EQUAL, el proyecto ‘Aunando Esfuerzos’ se caracteriza por dirigirse a un sector de la población muy concreto (que no por ello poco numeroso): las personas con problemas de drogodependencia. Dentro del trabajo a realizar con estas personas, el EQUAL ha reforzado aquellas acciones dirigidas a mejorar su incorporación socio-laboral a través del empleo (autoempleo y por cuenta ajena). Pero en este sector de intervención nos encontramos con que son menos las mujeres que parecen presentar estos problemas (hay una menor demanda de tratamiento, situada en torno al 15-20% como mucho, llegándose a afirmar incluso que “no hay mujeres drogodependientes” o que “son una minoría”. Así mismo, la observación directa de profesionales y diversas publicaciones y estudios constatan que las mujeres que llegan a los centros de atención a drogodependencias suelen presentar “un mayor deterioro a nivel de salud y social-familiar”, y el número de abandonos de los tratamientos es superior al de los varones (si estandarizamos y equiparamos las proporciones). De esta forma, aunque en la elaboración del proyecto Aunando Esfuerzos se haya tenido en cuenta uno de los principios fundamentales en los programas EQUAL, en su desarrollo se iba a poner de manifiesto la dificultad para realizar acciones específicas dirigidas a la efectiva igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres: “no hay mujeres drogodependientes en los tratamientos”. Además, las que llegan a la denominada fase de inserción laboral no son suficientes como para poner en marcha acciones diferencialmente significativas, sino que quedan inmersas en la acciones dirigidas a la población drogodependiente en general.
Si nos quedásemos en la observación de que “no hay mujeres que demanden tratamiento”, sería fácil concluir que no es necesaria una acción dirigida específicamente a mejorar la atención en ese sentido. La andadura en estos más de dos años ha posibilitado que, de forma conjunta y unificada, centremos nuestra atención en esta realidad con una mirada diferente: la que posibilita analizar la problemática desde una perspectiva de género (sumado al enfoque multisistémico o multidimensional en drogodependencias). Nuestra conclusión ha sido que las redes de atención no están preparadas para facilitar el acceso a los tratamientos a las mujeres que tengan problemas de drogodependencias. Puesto que es un problema considerado eminentemente “masculino”, el tipo de itinerarios y tratamientos responden a una perspectiva androcéntrica del mismo, de forma que muchas mujeres no acceden (por ejemplo, dependencias invisibilizadas en el ámbito de lo privado: psicofármacos, alcohol...) y si lo hacen, encuentran una atención-opciones que en muchos casos va a contribuir al abandono del tratamiento à éste no está preparado para la diversidad de problemáticas que interaccionan con la drogodependencia en las mujeres: malos tratos en la pareja; sexualidad y relación con el cuerpo; autoestima de género devaluada; “cargas familiares” no compartidas - presencia de hijos/as en el tratamiento; centralidad de relaciones heteroafectivas como eje vital fundamental; falta de apoyo familiar y social por una doble penalización social ante el consumo de drogas; conductas de alto riesgo para la salud, etc...
Se produce una discriminación estructural difícil de detectar si no se tienen las herramientas de análisis necesarias. Los y las profesionales en general carecen de formación en esta materia, y mucho menos especializada en su ámbito, el de las drogodependencias. De hecho, los análisis que se realizan a la hora de examinar el consumo de las mujeres resultan muchas veces parte del problema, ya que aparecen definidas recurrentemente como “más patológicas que los varones, asociadas al ejercicio de la prostitución, y al abandono de sus responsabilidades como madre” (Meneses, 2002). Desde nuestro programa consideramos imprescindible introducir formación específica en perspectiva de género aplicada a las drogodependencias, para poder incorporarla en los tratamientos. Es necesario detectar y poner de relieve los aspectos cualitativos de las problemáticas por cuestión de construcción social del género, y no solamente las incidencias. De esta forma, cuando se hace referencia a la aplicación de una perspectiva de género, lo que se propone es ir más allá de la mera diferenciación sexual/biológica que expone como características del consumo ‘femenino’ o ‘masculino’ las diferencias detectadas en las prácticas y problemáticas de mujeres y hombres. Introducir la perspectiva de género supone ofrecer un referente explicativo y analítico que actúe como marco de comprensión y significación de las diferencias e incidencias detectadas, no definiéndolas como realidades dadas, sino como parte de procesos de construcción socio-cultural que afectan a la subjetividad de las personas. El estudio de estos procesos demanda un marco analítico constructivista y comprehensivo, y no tanto una perspectiva meramente descriptiva. Nuestra actuación en esta materia debe permitir la comprensión de estos fenómenos para, consiguientemente, ofrecer un mejor abordaje de las drogodependencias en los itinerarios de atención, especialmente en relación a las mujeres.
Este proyecto tendría poco que innovar en materia de Igualdad de Oportunidades entre Hombres y Mujeres en la Inserción Laboral, si no fuese porque ha puesto de relieve que la atención debe fijarse en todo el proceso, desde el mismo acceso a los tratamientos y el análisis de la problemática. Lo innovador resulta de la visión global del proceso de incorporación sociolaboral y de intervención en drogodependencias, y empieza por que las redes de atención (con la conjunción de agentes sociales implicados – incluida la Administración Pública-) se adapten y den respuesta a una problemática que permanece invisibilizada. De esta forma, queremos recalcar que en drogodependencias en general se trabaja en prospección de empleo, empleo protegido, etc., como pudiera hacerse desde hace unos años con colectivos susceptibles de discriminación y mayores dificultades a la hora de acceder al mercado de empleo remunerado; pero las mujeres se van a encontrar con los problemas estructurales derivados del sistema sexo/género, independientemente de su drogodependencia. Ésta le añade una serie de problemáticas que en estos programas ya se tienen en cuenta, pero a la inversa - las problemáticas derivadas de una construcción social del género - no se ha incorporado a los programas de atención a drogodependencias, con lo que las mujeres se ven muchas veces desatendidas en este sentido: se las atiende en tanto que “drogodependientes” (bajo un análisis androcéntrico, como hemos visto), pero no en tanto que “mujeres” (en el sentido de discriminaciones producidas por cuestión de género).



