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El nuevo rostro de la heroína

Según el periódico, el consumo crece entre inmigrantes y ‘okupas’. Y añade que años de presión policial y de ayudas sociales no han disminuido las muertes por sobredosis

El periódico El País ha publicado un amplio reportaje sobre el consumo de heroína en España.

La heroína se resiste a abandonar su amplia parcela de poder. Ni la presión policial ni el esfuerzo delos poderes públicos le han restado músculo. En Barcelona, 7.000personas consumen esa sustancia.Las sobredosis llevan a la tumba a unos 70 toxicómanos cada año, una cifra inamovible desde hace un lustro. A esa quietud fatal se unen nuevos usos (ligados al ocio), más adictos (entre inmigrantes y okupas) y unos precios que, éstos sí, caen: cada chute cuesta ahora 10 euros.

Con pocos días de diferencia,un niño de 14 años sufrió una sobredosis y un consumidor habitual,de mediana edad, murió por el mismo motivo. Ocurrió en Trinitat Vella. “Los jóvenes corren más riesgos; son inexpertos y mezclan con alcohol. Pero el peligro siempre está ahí”, asume Teresa Brugal, responsable de drogas de la Agencia de Salud Pública de Barcelona.La doctora Brugal cita un  dato que da idea del poder de la heroína:la sobredosis es la primera causa de muerte entre hombres de 15 a 44 años.

Pese a que “siempre ha habido consumidores muy jóvenes”, Brugal constata fenómenos nuevos. Por ejemplo, la llegada de las “segundasgeneraciones”; o sea, hijosde personas enganchadas al caballoque, al no abandonar su entorno,han reproducido las pautas delos padres. En algunos casos, comoeldel colectivo okupa, el consumodeheroína sirve para compensarlos efectos de la cocaína. “Cadavez hay más autóctonos con estudiosy estética traveller que optanpor esa vía”, dice.

El perfil “clásico” (y aún mayoritario) de heroinómano en Barcelonaes el de un varón de mediana edad, que vive en la calle y que carece de estudios y trabajo. Es elcaso de A., que acude a un centro para inyectarse sus dosis. “Puedo venir 20 o 30 veces al día”, dice. La profesional que le asiste sonríe: está exagerando. “Empecé a consumira los 12 años”, sigue A., “y tengo 27”. ¿Y qué te metes? “De todo. Cocaína y, después del subidón, heroína también”, dice mientras desenvuelve la bola con la droga y prepara la aguja.

“La heroína está estable. La mayoría de los consumidores, unos 4.000, están bajo tratamiento con metadona o buscando la abstinencia”, detalla Brugal. Pero hay otro núcleo de adictos (unos 1.500) que no reciben ninguna atención. La mayoría de ellos son inmigrantes. Los que provienen del Este de Europa ya consumían en sus países, donde “el acceso a las drogas es más fácil”. La responsable de una narcosala barcelonesa explica, como anécdota, que rumanos y georgianos se quejan “por la mala calidad de la heroína local”.

Pero no todos llegan con la adicción. Un estudio de la agencia señala que casi el 70% de los inmigrantes que consumen heroína se iniciaron durante el proceso migratorio. “Salieron de su país con expectativas que no se han cumplido, pasaron a traficar a pequeña escala y han acabado enganchados”,dice la doctora. Reinsertarles es más complejo que con los heroinómanos autóctonos, ya que“tienen sus reglas propias y carecende documentación”, sigue Brugal.

Los usos vinculados al ocio también crecen. “Hay personas con una vida estable que prueban la heroína por diversión”, dice la responsable de una narcosala donde también van a pincharse profesionales de toda clase: “Tenemos un peluquero, un profesor y hasta un cirujano”, detalla. Es una minoría. Pero los expertos alertan de que, si su contexto cambia, también pueden caer en la marginalidad y ponerles en zona de peligro.

Sin ocupación y viviendo en la calle, los toxicómanos se buscan la vida para comprar la droga. “Gastan su paga en ello. O acudena medios menos lícitos”. Y no lo tienen muy difícil. Porque, a pesar de las recientes operaciones policiales, se produce el llamado efecto bolsa: cuando la policía golpea en un lugar, el mercado se desplaza ipso facto a otro.

El subjefe de los Mossos d’Esquadra en Barcelona, el intendente Antonio Blanco, recuerda los golpes al narcotráfico en el barrio de Porta y, hace poco, en la Marina de la Zona Franca. Y admite que llegar a todos los sitios es complicado, porque los camellos están atentos a la acción policial.

Hace dos años, cientos de toxicómanos visitaban el barrio de CaN’Espinós, en Gavà, que iba camino de convertirse en heredero de Can Tunis como supermercado de la droga. Los Mossos instalaron controles en el único acceso al barrio y frenaron la avalancha. Ahora, la venta de heroína en el área metropolitana se concentra en pisos de Ciutat Vella y en puntos de la Zona Franca, Trinitat, Besòs, Badalonay El Prat.

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