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La droga emergente MDPV puede ser más adictiva que el Speed

La MDPV y otras drogas parecidas son derivados de la catinona, el principio activo más importante que se halla en el khat

Una nueva investigación revela que la droga de creciente popularidad cuyo nombre científico es 3,4-metilendioxipirovalerona (comúnmente abreviado como metilendioxipirovalerona o MDPV) y conocida en español con nombres como "Ola de marfil" o "Relámpago blanco", podría ser más adictiva que la metanfetamina, conocida popularmente como "Speed", una de las sustancias más adictivas de las que se tiene conocimiento hasta la fecha.

Ésta es la conclusión a la que han llegado unos científicos del Instituto Scripps de Investigación, que cuenta con un campus en La Jolla, California, y otro en Jupiter, Florida. La investigación que ha llevado a cabo el equipo de Michael A. Taffe y Tobin J. Dickerson es uno de los primeros estudios de laboratorio sobre la MDPV, una droga que ha sido vendida en algunos casos como "sales de baño" y cuyo consumo está aumentando de manera notable.

Taffe y sus colegas han confirmado el poder estimulante de la droga en ratas, y han encontrado evidencias de que podría ser más adictiva que la metanfetamina, una de las sustancias más adictivas que se conocen. Observaron por ejemplo que las ratas oprimían una palanca de administración de MDPV más frecuentemente para obtener una dosis de esta droga que en el caso de la metanfetamina. La tendencia se constató a través de una amplia gama de dosificaciones.

La MDPV y otras drogas parecidas son derivados de la catinona, el principio activo más importante que se halla en el khat, una planta cuya hoja, al ser masticada, ejerce de estimulante. A la droga procedente del vegetal también se la llama popularmente khat. El consumo de khat se da mayormente en el nordeste de África y en la península arábiga.

Décadas atrás, algunas compañías farmacéuticas ya sintetizaron derivados de la catinona, pero no se les dio uso. A comienzos de la década del 2000, fueron redescubiertos por químicos dedicados en secreto a la producción de drogas, y esos derivados comenzaron a ser comercializados. Al principio, se vendían como “sales de baño” o con otras denominaciones engañosas para eludir las leyes que prohibían su uso dentro del cuerpo pero lo permitían fuera. Actualmente, su venta en muchos países está prohibida para todo tipo de usos.

Los derivados de la catinona perturban la actividad de las redes cerebrales que intervienen en el deseo, el placer, los movimientos musculares y la cognición. Los usuarios han descrito efectos estimulantes clásicos, tales como una euforia inicial, incremento de la actividad física, imposibilidad de dormir y la pérdida de las sensaciones de hambre y sed, además, por supuesto, de un irresistible deseo de consumir más droga. Dosis más altas conllevan un fuerte riesgo de psicosis paranoides, agresividad e impulsos suicidas.

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