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Pharming - la nueva moda en la que los jóvenes se drogan con jarabes para la tos

Son jarabes y productos para la tos, euforizantes y ansiolíticos con fines no terapéuticos. Los jóvenes de ahora siguen la moda del "pharming", una etiqueta que se le ha puesto al abuso de medicamentos que contienen codeína, metilfenidato, benzodiacepina, alprazolam y dextromethorphan.

Se alerta sobre los efectos obtenidos con este consumo recreativo. Los efectos que producen en los cuerpos de los jóvenes dependen de los principios activos ingeridos, pero la mayoría pretende lograr efectos euforizantes, alucinatorios o relajantes. Además, la principal fuente de acceso es el botiquín familiar en un 60% de los casos, mientras que del 40% restante, la mayoría lo obtiene en la oficina de farmacia legalmente (81%) y el resto son recetas falsas.

El problema es que este "pharming" se produce con medicamentos que llevan la etiqueta de no ilícitos, pues se proporcionan en las farmacias, y la gente cree que pueden abusar de ellos con seguridad sin darse cuenta de los efectos adictivos y el peligro que conlleva para su salud.

Los expertos en toxicología consideran que los médicos deben ser rigurosos en sus recetas para que las dosis de los envases que prescriben se ajusten a las necesidades terapéuticas. A su juicio, el consumo de determinados medicamentos de venta en oficinas de farmacia es un paso previo para el consumo de otros productos más peligrosos y adictivos.

Según los estudios sobre este tema, los adolescentes y jóvenes son los primeros consumidores de estos medicamentos que se venden en las farmacias, bien prescritos por el médico o de libre venta sin receta.

En Estados Unidos hasta 21 millones de jóvenes hacen "pharming". También se ha detectado un incremento de la venta y del consumo por parte de muchos padres de medicamentos prescritos para sus hijos tratados de hiperactividad o trastornos de atención, como es el caso del metilfenidato.

Por otra parte, los expertos anuncian la necesidad de incentivar las medidas preventivas sobre el uso de drogas para el robo y la violación, lo que se denomina sumisión química, que consiguen el sometimiento de las víctimas y que no dejan rastro después de ocho o 12 horas de ingerirlas.

Esta es la razón por la que no hay estudios en España que cuantifiquen un problema importante pero de difícil denuncia. No se puede saber si la persona ha sido drogada porque cuando viene lo hacen demasiado tarde como para detectarlo en un análisis.

Asimismo, el alcohol está presente en un 70% de los casos, pero destacan el éxtasis líquido o GHB (gamma hidroxibutílico), benziocepinas, sustancias que se suministran casi siempre sin que la víctima lo sepa, sea el caso de una violación o robo. En este último aspecto, son las prostitutas quienes más lo llevan a cabo con sus clientes, especialmente el rohipnol.

Entre el 17% y el 20% de las agresiones sexuales, unos 1.200 casos aproximadamente, se producen por uso de estas drogas que te desinhiben y que producen una amnesia retrógrada. No es una leyenda urbana, son hechos reales que se producen y que requieren de las autoridades una atención especial como ocurre en Francia, Reino Unido o Estados Unidos, que cuentan con protocolos de actuación para casos de violaciones y agresiones sexuales.

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