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El 4% de consumidores de cocaína es adicto a los 12 meses de iniciar su consumo

El objetivo del informe es contribuir a derribar falsos mitos en torno a la cocaína, e incrementar la información científica sobre esta droga a ciudadanos y a profesionales. En España, la cocaína es la responsable de 6 de cada 10 ingresos hospitalarios de los pacientes atendidos en urgencias por sobredosis
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El Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías cifra en 12 los millones de personas entre 15 y 64 años que en la UE han consumido cocaína alguna vez en la vida. De ellos, 7,5 millones (5,3%) están entre los 15 y los 34 años.

Durante el consumo de cocaína, el riesgo de sufrir un infarto es 24 veces mayor al que se tiene en una situación normal. Este riesgo se prolonga durante una hora después de su consumo. El 50% de los consumidores que ha desarrollado una dependencia puede sufrir una paranoia inducida por cocaína, al cabo de los tres años de consumo regular. Actualmente no existe ningún fármaco capaz de bloquear los efectos de la cocaína en el organismo ni de facilitar la abstinencia.

La cocaína es una droga altamente adictiva: el 4% de los consumidores desarrolla una adición a los 12 meses de haber empezado a consumirla. Ésta es una de las principales conclusiones del Informe sobre Cocaína, elaborado por la Comisión Clínica de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, que recoge las últimas evidencias científicas sobre los efectos de la cocaína en la salud, el proceso de adicción, los avances en el tratamiento y la investigación.

El informe lo ha presentado el secretario general de Sanidad, José Martínez Olmos, en una reunión de técnicos en drogodependencias, que participan en el III Seminario de Formación sobre la Cocaína, que se celebra en la sede del Plan Nacional sobre Drogas. Martínez Olmos ha estado acompañado por la delegada del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, Carmen Moya, y por el psiquiatra Carlos Álvarez Vara, miembro de la Comisión Clínica y uno de los autores de este volumen. El secretario general ha subrayado que el objetivo de este informe es contribuir a derribar mitos en torno a la cocaína, “como apoyo crítico frente a la falsa idea reinante de que con la cocaína no pasa nada”.

También es interés del Ministerio de Sanidad y Consumo dar más información basada en la evidencia científica a los ciudadanos y profesionales. Y es que, como recoge el prólogo, “el consumo de cocaína trae serias consecuencias y a veces, puede matar”.

La cocaína es la segunda droga ilegal más consumida en la Unión Europea y en España, después del cannabis. El último informe del Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías (OEDT) cifra en 12 los millones de personas de entre 15 a 64 años que en la UE han consumido cocaína alguna vez en la vida. De ellos, 7,5 millones (5,3%) están entre 15 y 34 años. El consumo de cocaína ha seguido una tendencia creciente en los últimos años en toda Europa. Sin embargo, el OEDT refleja una estabilización del consumo de esta droga en aquellos países con mayor prevalencia de consumo en los últimos años, como España y Reino Unido. Concretamente, en España los datos epidemiológicos más recientes (Encuesta Escolar 2006-2007 y Domiciliaria 2007-2008) apuntan a la estabilización entre la población adulta y al descenso en el caso de los adolescentes: el 3% de la población adulta ha consumido cocaína en los últimos 12 meses, lo que se reduce al 1,6% en consumos en el último mes. Esto refleja un cambio en la tendencia creciente en el consumo de cocaína de los últimos años. Entre la población escolar, el consumo de cocaína ha descendido más de 3 puntos en sólo dos años. En 2006, el 4,1% de los escolares de 14 a 18 años ha consumido cocaína alguna vez en los últimos 12 meses, frente al 7,2% de 2004.

Al igual que en el resto de Europa, en España el consumo se concentra sobre todo en los jóvenes de 15 a 34 años, perfectamente integrados en la sociedad y que han incorporado la cocaína como instrumento de socialización y para un aumento de la duración e intensidad de la diversión en su tiempo de ocio. Según la última Encuesta Domiciliaria 2007-2008, el 2,9% de los jóvenes de 15 a 34 años ha consumido cocaína en los últimos 30 días, frente al 1,6% de la población adulta. Los datos revelan una estabilización del consumo de cocaína en este sector de la población. Este consumo aumenta con la edad: a los 14 años, el 0,8% de los estudiantes asegura haber consumido cocaína en los últimos 30 días, proporción que se multiplica por siete (5,9%) a los 18 años.

El informe analiza el tipo de cocaína, las pautas, las vías y la frecuencia del consumo de esta droga. En España los consumidores, integrados socialmente la inmensa mayoría, consumen cocaína en polvo, por vía nasal (esnifada). Se trata de un consumo de carácter esporádico y recreativo, asociado a salir de marcha, las discotecas, la noche y el fin de semana. Es frecuente que hay consumo oculto en el exterior de los locales de ocio. Este grupo de población gasta una media de 30 euros por sesión de consumo y, entre ellos, es más frecuente salir por la noche y alargar más las salidas nocturnas. El consumo de crack es minoritario en nuestro país.

Como subraya el informe, la cocaína es una droga con un elevado potencial adictivo y su consumo continuado conlleva la aparición de dependencia. Los datos de demanda de tratamiento por consumo de cocaína en todo el mundo corroboran lo que ya ha demostrado la evidencia científica. Según la ONUDD, la cocaína es la droga en la que más ha aumentado la demanda de tratamientos en todo el mundo: en 2005 representaba el 8% del total de los tratamientos, frente  al 3% en 1997.

En España, en urgencias, la cocaína es la droga más mencionada en la historia clínica por reacción aguda a sustancias psicoactivas (63,4% del total), según el último informe del Observatorio Español sobre Drogas. También es la droga que más demandas de tratamientos genera en este momento (46,9%). Asimismo, ocupa el primer puesto en demandas de tratamiento entre pacientes que solicitan ayuda médica por primera vez en la vida (62,1%). Desde que se empieza a consumir (20,9 años de media) hasta que se solicita tratamiento por primera vez, suele pasar un promedio de entre 6 y 8 años. En cuanto al impacto en la mortalidad registrada por consumo de drogas, los datos del OED revelan que en 2005 la cocaína estaba presente en el 69,2% de todas las muertes por consumo de drogas notificadas, frente al 24,7% de 1995.

El informe también destaca que el consumo de cocaína produce importantes daños en el organismo, especialmente en el sistema cardiovascular y nervioso central a edades tempranas, en las que no cabría esperar la aparición de esta patología. Estos daños pueden producirse por consumo crónico o agudo en personas susceptibles. El corazón y el cerebro son los órganos más dañados por el consumo de cocaína. Así, el consumo de cocaína puede provocar crisis epilépticas, que se presentan entre el 2% y el 8% de los consumidores que acuden a urgencias, infartos y hemorragias cerebrales, miocardiopatía dilatada, arritmias e isquemia miocárdica.

Diferentes estudios muestran que el riesgo de infarto de miocardio es 24 veces superior al normal durante una hora tras el consumo de cocaína. La cefalea es la complicación más frecuente entre los consumidores de cocaína. Se da entre un 60% y un 70% de los cocainómanos y representa el 12% del motivo de las consultas relacionadas con cocaína. La cefalea se relaciona con el perfil temporal de la acción vascular de la droga: se presenta inmediatamente tras la administración o aparece en fase de abstinencia.

El informe también aborda las complicaciones psiquiátricas frecuentes entre los consumidores de cocaína, entre las que destacan la esquizofrenia paranoide. La paranoia inducida por cocaína puede llegar a afectar al 50% de los consumidores que han desarrollado dependencia a esta droga, al cabo de los tres años de consumo regular. Otros problemas psiquiátricos y del comportamiento presentes entre los cocainómanos son los trastornos delirantes, los trastornos del estado de ánimo y las crisis de pánico.

Como recoge el informe, el consumo de cocaína mezclada con alcohol aumenta el riesgo cardiovascular, la agresividad y los comportamientos violentos. Durante la intoxicación alcohólica, el consumo de cocaína produce una falsa sensación de sobriedad que puede dar lugar a conductas de riesgo.  Por otro lado, los autores de este informe destacan que los consumidores de cocaína tienen mayor riesgo de padecer infecciones de transmisión sanguínea o sexual que la población general de la misma edad. Estas prácticas de riesgo son más frecuentes entre los inyectores de cocaína que de heroína, porque el efecto euforizante de la cocaína inyectada desaparece a los 30-45 minutos.

Algunos consumidores de cocaína llegan a inyectarse muchas más veces al día que los heroinómanos, que se inyectan por término medio entre 3 ó 4  veces al día. Sin embargo, los expertos alertan de una gran parte de los consumidores de cocaína ni siquiera conocen su estado serológico. Los datos del último informe del OED revelan que el 62% de los admitidos a tratamiento por cocaína, independientemente de la vía de consumo utilizada, no se había realizado la prueba del sida o desconocía los resultados, frente a un 38% de las personas en tratamiento por heroína. En el grupo de consumidores de cocaína que sí conocía su estado serológico frente al VIH, un 2,1% era positivo.

Hoy en día no se dispone de ningún fármaco capaz de bloquear los efectos de la cocaína ni de facilitar la abstinencia, por lo que el tratamiento de la adición es mixto (farmacológico sintomático y psico-social). Sin embargo, en la actualidad se están llevando a cabo importantes avances en el ámbito de la investigación básica y clínica para identificar fármacos y terapias inmunológicas (conocidas popularmente como vacunas) eficaces en la prevención y tratamiento de la adicción a cocaína. La investigación en inmunoterapia busca tratamientos que impidan que la cocaína llegue al sistema nervioso central.  En el caso de que esta línea de investigación demostrase su eficacia clínica, las vacunas frente a la cocaína estarían orientadas al tratamiento de sobredosis, la reducción de recaídas de uso de drogas y la protección contra el riesgo de exposición.

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