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Suspenso internacional en prevención y tratamiento del VIH en heroinómanos

La mayoría de los países carecen de programas eficaces para prevenir la expansión del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) entre los usuarios de drogas por vía inyectada, a pesar de que sigue siendo una importante forma de transmisión. Ésta es la principal conclusión de un estudio que se publica en la última edición de The Lancet. Las naciones europeas, entre ellas España, son las que mejor están implantando las medidas más útiles: intercambio de jeringuillas, terapias sustitutivas y tratamiento antirretroviral.

"En comparación con otros países, España proporciona unos servicios adecuados de prevención y tratamiento del VIH a las personas que se inyectan drogas", señala el autor principal del trabajo, Bradley Mathers, del Centro Nacional de Investigación sobre Drogas y Alcohol de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Sydney, Australia).

En concreto, el investigador destaca "la introducción de programas de agujas y jeringuillas en las prisiones" de nuestro país, que constituye "un ejemplo que otros estados están considerando y algunos están siguiendo". Asimismo, Bradley subraya el correcto suministro de terapias de sustitución para la adicción a la heroína (fundamentalmente, metadona), así como la administración de tratamiento antirretroviral a todos los toxicómanos españoles.

"La posibilidad de recibir la mejor atención sanitaria disponible es un derecho del que deben disfrutar todos los individuos, incluidos quienes consumen drogas por vía parenteral", apunta Mathers. Sin embargo, todavía son mayoría las naciones en las que los heroinómanos están prácticamente excluidos de cualquier iniciativa médica o social.

Tal y como explican los autores del análisis, no sólo está en juego el derecho a la salud de los usuarios de sustancias inyectadas, sino el control de la expansión del VIH en todo el mundo. Medidas tan básicas como evitar que se compartan jeringuillas que pueden estar contaminadas son muy efectivas.

Se calcula que en todo el mundo hay 16 millones de toxicómanos por vía parenteral, tres millones de los cuales son seropositivos. Por lo tanto, representan el 10% de las personas con VIH. A pesar de estas abultadas cifras, tan sólo el 8% de quienes se inyectan heroína u otras sustancias tuvieron acceso a los programas de intercambio de jeringuillas durante el año pasado.

En cuanto a las terapias sustitutivas, únicamente están implantadas en 70 países. Y en buena parte de los estados que las suministran son muy pocos los usuarios que realmente las reciben. Con los fármacos antirretrovirales ocurre algo similar: hay naciones (Chile, Kenia, Pakistán y Rusia, entre otras) en las que apenas alcanzan al 1% de los consumidores de heroína.

Los autores del estudio constatan con preocupación la existencia en 11 países asiáticos de sistemas de reclusión obligatoria de los drogodependientes en centros de desintoxicación. Este tipo de métodos, además de lesionar los derechos humanos, "no han demostrado efectos positivos sobre el uso de drogas, el riesgo de VIH o su incidencia", aseguran.

Por otro lado, la legislación de muchos países africanos prohíbe los opioides para el tratamiento del dolor, restricción que se extiende a la prescripción de terapias sustitutivas con metadona y otras sustancias. Tanto los responsables del análisis como los firmantes de un comentario que acompaña al trabajo hacen hincapié en la necesidad de concienciar a las autoridades sanitarias del respaldo científico con el que cuentan las medidas de prevención del VIH en el colectivo de consumidores de heroína y otras sustancias inyectadas. "La cobertura de servicios en muy baja", concluyen los autores, quienes añaden que resulta "insuficiente para prevenir, parar o dar un vuelco a la epidemia de VIH en esta población".

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