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Las muertes por SIDA en España se reducen un 11 por ciento

Las muertes por sida en España descendieron en 2009 un 11%, la mayor bajada de la última década, según los datos presentados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Las 1.079 muertes por esta causa en 2009 (853 hombres y 226 mujeres) suponen, además, un 40,12% menos de las que se produjeron diez años antes. Con estos datos, se confirma la tendencia a la baja que, salvo un repunte en 2003, se ha producido en la última década. Además, en 2009 no hubo ninguna muerte por el concepto VIH + (portador, evidencias de laboratorio de VIH...), una causa por la que murieron cuatro personas en 2008. La buena cifra coincide con el 30 aniversario del descubrimiento del VIH.

Para la doctora Piedad Azaro, presidenta del último Congreso Nacional sobre el sida, "la esperanza de vida hoy de una persona con VIH con un buen nivel de defensas y que no sufra hepatitis ni ninguna infección oportunista -tuberculosis, neumonía difusa, linfoma, sarcoma...- es similar a la de otra persona de la misma edad y sexo".

"Si aún hay pacientes que se mueren por sida es porque se diagnostica tarde, con las defensas bajas, por debajo de 200", remacha. Le secunda el doctor Enrique Ortega, presidente de la  Sociedad Española Interdisciplinaria del SIDA (Seisida): "En un tercio de los nuevos casos en todas las unidades se diagnostica a la vez VIH y sida ya con una enfermedad oportunista. Es gente en que quizá la transmisión se produjo hace 12 ó 13 años, pero ingresan en neumología o en neurología y ni por asomo pensaban que pudieran tener VIH, pues lo asocian a la población marginal". No en vano, como recuerda el doctor, "el sida se trataba de una enfermedad maldita y fue durante mucho tiempo la de las cuatro H: homosexuales, heroinómanos, hemofílicos y haitianos".

Hoy, según Azaro, el reto es avanzar en el diagnóstico precoz: "Quizá la vacuna es un reto, pero para mí lo es diagnosticar a ese 30% que no lo sabe y provoca el 50% de nuevos contagios". "Depende de las personas, pero más allá de los siete años de la transmisión empieza el verdadero riesgo", dice Ortega, que sitúa el pico de mortalidad en nuestro país entre 1987 y 1990. "Fue la época de la impotencia, con numerosos ingresos y sin tratamiento supresivo, con chicos de 21 y 22 años que se te iban sin poder hacer nada...", explica.

A partir de 1996 empezó la euforia, con un tratamiento capaz de reducir la carga viral a un nivel indetectable y potenciar las defensas. Y hoy, toca la reflexión. "Preocupa el riesgo cardiovascular añadido y la inflamación de las áreas cerebrales. No todo está conseguido con las pastillas", concluye.

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