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Por lo posible y deseable

Podemos plantear tres escenarios: Lo imposible, lo posible e indeseable, y lo posible y deseable

por Àngels Guiteras i Mestres, Presidenta de la Taula d'entitats del Tercer Sector Social de Catalunya

La situación actual de crisis estructural de la economía, de la sociedad y de la política nos obliga a pronunciarnos sobre el futuro que queremos y las finalidades que tienen que presidir las políticas. Considero imprescindible orientar las políticas hacia la cohesión social, el desarrollo económico de la sociedad del conocimiento y el fortalecimiento de la democracia. Podemos plantear tres escenarios de futuro que se presentan para las políticas sociales y de cohesión y también sobre el papel que puede tener el Tercer Sector en el desarrollo de estas políticas: Lo imposible, lo posible e indeseable, y lo posible y deseable.

El primero, La administración protectora, es un escenario imposible, porque plantea que después de la crisis se produjera un regreso a las condiciones de antes, y las administraciones públicas siguieran proveyendo casi todos los recursos públicos, y la mayor parte de los servicios y prestaciones fueran gestionados directamente por la administración, o a través de consorcios o empresas públicas. Es un escenario en el cual el ciudadano es considerado cliente o usuario de las políticas públicas. En este escenario, al Tercer Sector se le da un papel marginal para hacer todo aquello que todavía no llega a hacer la administración. Es un escenario de derechos a satisfacer por los fondos públicos, pero no se habla de deberes ni de responsabilidades sociales. Es un escenario que resulta inadecuado por la complejidad y polaridad de las necesidades sociales, y porque el papel de la administración no tiene que ser el de gestionar, sino el de dar el marco institucional y programático: objetivos claros, transparentes y equitativos que generen confianza.

En el segundo escenario, Liberal-asistencial, el Estado se desentiende progresivamente de los derechos y las políticas sociales y deja, por un lado, al mercado, la satisfacción, mejor dicho la insatisfacción, de las necesidades generales, y por el otro a un Tercer Sector, que llegue con voluntariado y con pocos recursos y profesionales a hacer de contención de las problemáticas más graves. Es un escenario que debilita los derechos y deberes sociales, trata al ciudadano como un competidor ante los otros, y los divide entre ganadores y perdedores. Bajo una excusa u otra se busca que la gestión de los servicios sociales más universales la haga el sector mercantil y deja para el Tercer Sector los servicios experimentales y marginales que sólo son considerados objeto de las subvenciones. Las directrices para que el criterio por la asignación de servicios de bienestar se convierta en una subasta económica, son la punta del iceberg de esta política. Este es un escenario tanto posible como indeseable, al cual todas las fuerzas sociales nos tenemos que oponer.

El tercer escenario lógicamente, es el posible y deseable, el del nuevo progreso social y humano. En este, el gobierno asume su protagonismo democrático a fondo, responsabilizándose de garantizar los derechos y responsabilidades sociales. Es un gobierno relacional, que fortalece la capacidad de organización y acción del conjunto de la ciudadanía, para lograr los desafíos. Es un escenario en el cual se empodera al ciudadano y a las organizaciones de la sociedad civil, para dar una respuesta compartida y sinérgica con los gobiernos territoriales para lograr los objetivos sociales.

Este, es el escenario, en el cual el Tercer Sector tiene un importante protagonismo, porque con una gestión eficiente reinvierte sus ganancias en la acción social. Es decir, mientras que otros sectores económicos reinvierten de media un 40% de sus ganancias, el Tercer Sector lo hace con el 100%, multiplicando el impacto de los recursos.

Además, el Tercer Sector moviliza los ciudadanos en los esfuerzos de prevención y de combate de la exclusión social. Con más de 245.000 voluntarios, el Tercer Sector Social catalán hace posible que miles de ciudadanos dejen de ser unos agentes pasivos y simples receptores de las prestaciones públicas para acontecer una enorme fuerza productiva de derechos, de compromisos, de solidaridad social y se fortalece la respuesta a las necesidades sociales.

Por eso, invertir en el Tercer Sector supone ampliar el capital social de nuestra sociedad, en cuanto que se amplía y fortalece el tejido asociativo que es capaz de cooperar por objetivos relacionados con el bien común. Un capital social que, como señaló el reconocido sociólogo Robert Putnam, es “la condición para que la economía y la democracia funcionen”. El Tercer Sector es uno de los grandes motores de Cataluña capaz de generar nuevas y renovadas energías para el progreso humano, en su más amplio sentido: valores éticos, desarrollo económico, progreso social, sostenibilidad, y renovación democrática.

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