Foto de Eduardo Barrios para Unsplash
1 octubre 2021
"¿Qué va a pasar con las personas que consumen drogas y llegan a una edad avanzada?"

Raúl López Guirado es la cara visible del programa de reducción de daños ‘Menos Riesgos, Más Salud’ que la Fundación Atenea desarrolla en Albacete. Tras casi 20 años de trabajo en la misma comunidad, el envejecimiento de las personas usuarias a las que atiende es inevitable. En el Día Internacional de las Personas Mayores hablamos con él para conocer la realidad de la población con adicciones una vez alcanzan edades más avanzadas.

¿Cuál es el perfil de las personas mayores que atendéis?

Casi siempre suelen ser hombres. Y si nos fijamos en los casos a partir de unos 50 años y más mayores son personas con bastante deterioro por los años de consumo y con una situación precaria a nivel económico y social, situaciones familiares muy complejas y en ocasiones sinhogarismo. Y si hablamos de la salud, solemos encontrarnos con algunos problemas de salud mental, más allá de los problemas de salud física que se agravan después de tanto tiempo consumiendo.

En cuanto a sustancias, el alcohol suele ser la principal en estas edades. Cierto es que hay gente que viene de la época de la heroína y que existen casos por cocaína o psicofármacos, pero normalmente suelen ir ligados también al tema del alcohol.

¿Qué tipo de programas lleváis a cabo con estas personas?

Trabajamos la reducción de daños para personas con problemas de drogas en Albacete. Pero aunque abordemos las adicciones, nuestra actividad engloba muchísimas cosas porque hay otras muchas facetas que atender, y si no somos capaces de dar una respuesta inmediata siempre hay alguien que puede hacerlo. Por ello, un programa como el nuestro, sin la red de recursos tanto públicos como privados, no tiene sentido.

En definitiva, trabajamos a demanda porque no solo vamos a tratar el problema de una persona con las drogas porque su situación implica otros muchos temas. Si tenemos que ir a hospital, a juzgado, o a servicios sociales, vamos. También planteamos un programa de ocio saludable por la zona, algo más informal, porque se avanza más con una persona cuando estás con un café delante y no con una mesa de despacho por medio.

¿Qué necesidades específicas tienen a la hora de tratar su adicción?

Desde un enfoque de reducción de daños, el tema de la vivienda complica mucho la intervención con esta población. Por ejemplo, en Albacete tenemos un albergue municipal, pero acceder a él o a una habitación, si hablamos del perfil de una persona drogodependiente, se complica. Y la gente que tiene una pensión no contributiva no puede permitirse alquilar una vivienda, tienen que recurrir a una habitación y para estudiantes hay mucha oferta, pero para personas mayores no es tan fácil.

Podemos acompañar, derivar o llevar un tratamiento ambulatorio para una persona que está en la calle, pero si ni siquiera tiene acceso a una pensión, un hostal o una habitación es muy difícil avanzar.

¿Cuál es el papel que juega el género cuando se suma al factor edad?

La principal diferencia es que las mujeres suelen llegar más tarde al recurso, sea en este caso de reducción de daño o a casi cualquier tratamiento de drogas. El problema está en el cuándo suelen llegar porque el consumo de una mujer, que también suele estar muy ligado al alcohol, está mucho más tapado. Aunque como sociedad estamos avanzando, todavía nos quedan muchos años para poder atajar esto. La mujer no deja de ser madre o de ser ama de casa aun cuando tiene un problema importante de consumo. Y al tratarse de edades avanzadas ya llegan con un deterioro importante, porque ni siquiera se ha tenido un contacto temprano a la hora de tratar estas situaciones.

Además, la oferta que hay para el tratamiento de drogas en régimen interno es insuficiente. Faltan plazas para mujeres, y no porque no se quieran habilitar, pero se prolonga el tiempo de espera para el ingreso en muchas de ellas y a quienes estamos a pie de calle nos complica trabajar.

¿Se trata de una población invisibilizada?

Hablamos de personas mayores que a lo mejor están en un albergue público, que ya es un lugar bastante invisibilizado, o aunque no tengan más de 65 años ya pueden estar en un centro de mayores. Además, el problema de las adicciones en estas personas se diluye mucho más cuando también tienen otras cuestiones pendientes como problemas judiciales. 

El tema de las drogas hace muchos años dejó de ser una de las principales preocupaciones en España, pero los problemas de drogas siguen existiendo y la gente que consume llega cada vez a una edad más avanzada. Hoy en día, crear algún recurso específico para personas mayores no estaría de más. Antes, con el impacto del VIH y demás, la esperanza de vida de las personas usuarias no era tan alta, pero ahora deberíamos anticipar qué va a pasar con todas esas personas que consumen drogas y llegan a una edad más avanzada. Posiblemente tengamos que prepararnos para atender a personas más mayores, con lo que ello implica a todos los niveles.